02-19 feng shui david flores energetica LA CARAVANA

Ariko 19

El seis veces centenario Ariko mira, con calma y sigilo, al desierto.

Más allá de los matorrales y los arbustos medio secos que se levantan entre las dunas crece, lenta y decidida, una figura alargada que poco a poco se distingue mejor, una larga fila de personas y animales cargados que deja una sombra cada vez más larga sobre la arena. Él solo busca a un alma de entre todos.

Hace ya un par de años que Carmen le avisó de su llegada y sabe que hoy es el día.

De lejos identifica a un joven que conversa con dos monjes budistas mayores que él. El chico va calzado de sandalias, con los pies llenos de polvo y la cara sucia; es delgado y huesudo, y se le adivina alto para su edad. Ya cerca:

–¿Qué tal el viaje, Issa?

–Tenía ganas de conocerte, suelta el joven que viene de Palestina, mientras el viejo le pone su mano en el hombro y le invita a comer algo.

Ariko sabe que tiene el tiempo limitado para enseñar al joven el arte de tratar con la gente. Por eso los días les encuentran siempre juntos; hablan mientras pasean entre las casas de paredes torcidas, hechas de tierra mezclada con maleza seca, sacada del desierto.

A Issa le brillan los ojos cuando habla. Todo su cuerpo sigue incansable sus palabras, siempre al compás que marcan sus largos dedos, que no paran de moverse delante de su pecho. Pregunta todo y por todo y en pocas semanas ya habla el dialecto de la zona.

–Maestro ¿cuál ha sido tu mayor aprendizaje de este mundo?

Ariko mira al suelo un momento:

–No puedo tener una opinión clara de este mundo, llevo poco tiempo en él, pero puedo decirte que éste no es aún un planeta amigable, aunque si que es amable. Y es difícil no amarle cuando ves el tiempo que lleva construyéndose a si mismo, retorciéndose por dentro, levantando montañas hasta lo más alto y hundiendo tierras hasta que ya no las ves porque el mar las oculta. Amo su pasión por levantarse cada día y mostrar a las gentes que lo habitan lo que ha ido construyendo. Sin embargo, soy consciente de que los humanos, que son el objeto de su amor, son gente sencilla que no le ven. Centran, sin dudar, todas sus capacidades en construir grandes sueños, ciudades y culturas que dejarán huella, por siempre; son capaces de sonreír y de mantener conversaciones divertidas que hacen sus vidas más fáciles en los momentos duros, pero son incapaces de levantar la vista y admirar el enorme espacio despierto que les arropa y que les ofrece lo que necesitan sin límite ni cortapisas.

El joven permanece inmóvil, atento, detenido en el espacio y lleno de tiempo:

–Ese es nuestro trabajo Issa, hacer que todos sean conscientes de que están aquí y de que su única misión es despertar a eso.

Ariko calla y levanta los ojos. Ambos permanecen en silencio mientras el día desaparece por debajo de la línea difusa y ondulante que crea el desierto para disfrazar la huida del sol.


La caravana

David Flores

 

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